El caso de la Violación y homicidio de Yuliana Samboni ha despertado una oleada de indignación nacional, que ha sido importante para lograr que en este caso se haga justicia y se ejerzan sanciones ejemplarizantes para los responsables del crimen, sin embargo la indignación es insuficiente para hacer las reflexiones de fondo sobre el problema de la violencia de género sobre niños, niñas, mujeres en Colombia.

El último informe de la Fundación Savethe Children advierte que cada hora, dos niños llegan a Medicina Legal por haber sido presuntamente víctimas de abuso sexual, en la mayoría de los casos los presuntos agresores son los familares, , cada día 2,5 niños son asesinados, las personas mas vulnerables a estas violencias son las niñas, adolescentes y mujeres. En la última encuesta de Demografía y salud que el 13% de los hombres están de acuerdo con la justificación de la violencia a la mujer.

Es que en la base del Abuso Sexual de encuentra las expectativas y concepciones que se forjan sobre la mujer , los niños y niñas en una cultura, en nuestro caso prevalece una cultura patriarcal en donde se impone una inequidad de género entre hombres y mujeres para acceder el mundo del trabajo, en donde informes del DANE han demostrado que las mujeres ganan 21% menos remuneración que los hombres, el doble de las mujeres respecto de los hombres ejercen trabajos no remunerados, y solo un 30% de ellas ejercen cargos Ministeriales, sin mencionar que en América Latina se cuenta en los dedos de las manos quienes han llegado a ser Jefas de Estado.

Esta inequidad se ha construido sobre discursos eficaces, sutiles de dominación, en donde se concibe que la mujer no tiene las capacidades para acceder a niveles igualitarios de desempeño social frente a los hombres. La Cultura genera una eficacia invisible en estos mecanismos de exclusión, que si uno asistiera a una reunión social y se tuviera que hacer una elección de quien lidera el grupo lo mas altamente probable y automático, es que los hombres prevalezcan sobre la mujer. El cambio de esa perspectiva hegemónica, en una igualitaria de posibilidades, ha sido el resultado de una disputa del Movimiento feminista, que ha obligado a que se tengan que instalar acciones afirmativas de cuotas de género para que no se imponga la eficacia de la cultura fraguada através de siglos, y ha logrado que la sociedad haga conciencia de estas inequidades justamente visibilizando y cuestionando la normalización que se instalado de esa superioridad de un género sobre otro.

Entender este contexto es importante para comprender entonces porque el 95% de los abusadores son hombres, y la mayoría de víctimas son mujeres, niños y niñas. Ese esquema social y cultural se reproduce en la familia, y se normaliza en este seno el abuso, la subordinación y el maltrato, de aquellos sujetos que se instalan en el imaginario del agresor como subordinados. El abuso sexual se da en el seno de esa familia heteroparental y ortodoxa- dicho sea de paso- , que defienden como única posibilidad de familia, quienes hoy en el Congreso de la República a nombre de la defensa de los Derechos de los niños y niñas, convocan a un referendo para evitar que parejas homosexuales adopten hijos.

El mecanismo que opera en los agresores de la mayoría de abusos sexuales, logra un mayor explicación en este contexto de valores que construye la sociedad para definir el género, que en la espectacularidad y fascinación del enfermo mental, el sociópata, el pedófilo, el asesino en serie de los relatos de Agatha Christie, casos que son mas excepcionales que frecuentes y generan una visión equivocada en la sociedad de la enfermedad mental y del abuso sexual. Les aseguro que es más peligrosa la calle, con sus constructos sociales, con su diferencia de clases, con sus desigualdades económicas, con la depredación de sus poderes políticos y fácticos, que una Unidad de Salud Mental.

De hecho las violaciones que nos han indignado los últimos años , de Rosa Elvira, de Yuliana, han ocurrido en la calle , han terminado en feminicidio. Las violaciones y abusos invisibles, los que no han tenido la espectacularidad amarillista de los medios, no cegan la vida en la inmediatez, pero pueden confinar la vida de una mujer , de un niño o niña a una profunda depresión ,al sentimiento de baja autoestima, a valer muy poco, a la aceptación de una permanente sumisión, al temor de no decir que no a un nuevo abusador, “ porque yo no valgo nada y me pasa esto por mi culpa”, a los intentos suicidas, a la destrucción de una vida.

La mayoría de abusos sexuales se presentan por padres, primos, tíos, personas cercanas a la víctima, que apelan al secreto y a denigración de la víctima para que esta sienta que también es su culpa todo lo que ocurre, que de alguna manera ella consintió los tocamientos, los accesos carnales. El agresor se posiciona en un lugar de superioridad, engaña al niño o niña, y lo culpabiliza, para que se mantenga el secreto, que muchas veces nunca es revelado. O que cuando es revelado, debe desafiar el dispositivo que hizo posible el abuso, la cultura patriarcal, en muchas ocasiones las madres no les creen, o guardan silencio porque el padre abusador es quien mantiene el hogar y no es conveniente generar un conflicto. La víctima es confinada al silencio y a la soledad de su sufrimiento.

Esta descripción me recuerda una ocasión en la que a nuestra consulta llegó una adolescente que había tenido múltiples intentos suicidas, en el diálogo descubrimos que su padre la abusaba desde los 10 años, era un hombre de la vida pública del municipio, muy estudiado, con una familia bastante influyente, y una madre atada a las comodidades económicas que le proveía su esposo agresor, nos sorprendió ver la terrible reacción de la madre contra nosotros cuando le informamos lo que ocurría con su hija, el error había sido llevar a su niña a nuestra consulta, allí habían empezado sus problemas, nos acusó que queríamos destruir su familia. Como este existen muchos casos, y son mas frecuentes de lo que imaginamos. Desde luego que entiendo que estoy haciendo una descripción casuística, dado que las cifras siempre tendrán un subregistro, justamente por la naturaleza secreta de estos hechos.

El caso de Yuliana, como afirmamos , es el menos frecuente, dado que el agresor es un desconocido , que conforme las descripciones ofrecidas por la prensa, cumple todos las condiciones de un sociópata, en cuyo núcleo se encuentra la absoluta incapacidad para ponerse en el lugar del otro, y la ausencia de culpa frente al daño o maltrato que causan. No hay culpa, la culpa es un indicador de la moral de un ser humano. A estos sujetos ni se inmutan ante el horror de lo que producen. El hecho de que la victima, Yuliana, haya sido una mujer, indígena, niña, de pocos recursos, adiciona al influjo cultural del patriarcado, una suerte de clasismo y racismo, en donde se invalida al otro, por no tener ciertas condiciones económicas , sociales o étnicas, practica excluyente que se anida en algunos sectores de las elites colombianas de las que hace parte el victimario.

Lo anterior supone que una propuesta de intervención para el tema de la violencia de género, y sexual, es mucho mas compleja que y multimodal que el solo endurecimiento de las penas para los victimarios. Se requiere hacer conciencia de la mentalidad que subyace a esta violencia y hacerlo evidente en los entornos educativos de los niños y niñas, por eso preocupa que en Colombia en la actualidad se esté desplegando una oleada de intolerancia frente a las conquistas del Estado laico en materia de educación sexual y enfoque de género, reconocimiento de la diversidad, y las diferentes maneras de entender y respetar las orientaciones sexuales y los géneros. Se requiere avanzar en acciones afirmativas y en políticas públicas que construyan equidad de género, con enfoque de derechos, igualdad ante la ley y ante la vida de hombres, mujeres y trans para acceder al mundo del trabajo, a la educación, la salud, a la función pública, a la representación política. Los medios de Comunicación deben asumir una discusión mas profunda y constructiva que permita analizar estos casos, superando el amarillismo y al espectacularidad momentánea, que no genera aprendizajes ni lecciones. La psiquiatría aporta más con enfoques mas amplios , trasndiscilplinarios, complejos, que con los enfoques meramente biologicistas, en donde se explican estas situaciones desde manifestaciones hormonales, discontrol de impulsos de los agresores, problemas intrapsiquicos insolubles de psicópatas, y alteraciones cerebrales que deben ser detectadas mediante imágenes diagnósticas, posturas que están fuertemente cuestionadas y que no aportan en la comprensión del problema en su conjunto y sí instala la desesperanza de un determinismo biológico para el cual no existe propuesta ni solución de abordaje.

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