Este es uno de los momentos de mayor incertidumbre política electoral en los últimos años en el país, que viene de 16 años de Gobierno de fuerzas políticas de similares connotaciones ideológicas y programáticas (Uribe y Santos), que solo lograron distinguirse por el tema de la Paz y las Relaciones Internacionales, que se debe reconocer es una importante distinción. No obstante, en los fundamentos de la política económica, social e institucional estos gobiernos que contemplan una temporalidad similar a la del frente Nacional de la década de los 60, no han marcado cambios importantes en beneficio de la sociedad colombiana.

El acuerdo de paz logrado con la guerrilla FARC-EP, no logra aún consolidar los compromisos de su plena implementación en temas tan sensibles, que son fundamentales para el logro de una paz estable y duradera, por solo mencionar dos, el desmonte del paramilitarismo, que garantice que los territorios de guerra desocupados por las FARC-EP pasen a ser monopolizados legítimamente por el Estado y una Reforma Política que posibilite el robustecimiento de la Democracia y la amplia representación de las diversas posturas de la sociedad colombiana en las Corporaciones del Estado.

De otro lado, los recientes escándalos de corrupción de Reficar, Saludcoop que evolucionó a Medimas, Odebrecht, el Corrupto Fiscal Anticorrupción, las componendas en la Corte Suprema de Justicia, develadas por el Ex Gobernador de Córdoba Alberto Lyons, que han logrado relevancia en Colombia, por la intervención de la Justicia Norteamericana; han dejado al descubierto la estructura clientelar y corrupta del régimen político que ha sido hegemónico con sus Gobiernos.

Ni Uribe, Ni Santos, Ni Vargas Lleras, ni los poderes que han gobernado el país, escapan de la responsabilidad que les atañe por la corrupción, que no sólo es un mecanismo mediante el cual se saquean los recursos públicos en menoscabo de las políticas sociales, que podrían financiar las demandas sociales de la sociedad colombiana, sino que se constituye en la forma misma como se perpetúan en el poder político para desde allí seguir agenciando las prácticas de saqueo.

Esta situación ha sido audazmente capitalizada por la Consulta Anticorrupción liderada por el Partido Alianza Verde, que logra movilizar a más de 4 millones de ciudadanos y a una opinión pública, con el efecto positivo de que la Corrupción se ha mantenido y se mantendrá en el tablero de las prioridades para las decisiones electorales de los colombianos.

En las encuestas de opinión el tema de las FARC, de la guerra y la paz, que ha sido el aceite discursivo que ha reeditado al frente nacional contemporáneo de las últimas décadas, ha caído al octavo lugar. No sería determinante para las decisiones electorales del 2018, que de consolidarse, significaría una inflexión importante en la historia política del país, que en su casi último siglo ha determinado las preferencias electorales en quien hace la guerra o la paz, y con quien, similar debate suscitó el pacto de élites del Frente Nacional, y desde el Gobierno de Belisario Betancur, cada cuatros años las elecciones presidenciales han estado determinadas por el debate de los procesos de paz con las guerrillas, grupos paramilitares o del narcotráfico.

El acercarse al fin de la guerra que goza de solidez con el cumplimiento de las FARC de lo pactado en los acuerdos y los avances en los diálogos con el ELN, han abierto un escenario en donde se visibilizan otras problemáticas del país, y con ello se abre la compuerta a que por primera vez, después de 200 años de vida Republicana, en Colombia exista la posibilidad de un Gobierno de coalición que derrote al bipartidismo hegemónico, a los mismos con las mismas; y en ese contexto es que nace la reciente conformada coalición Sergio Fajardo, Claudia López y Jorge Robledo.

La Coalición interpreta de manera adecuada el asumir el cumplimiento de los acuerdos de paz con las FARC, pero no se agotan allí, ganan la delantera en abanderar el discurso anticorrupción que ha generado indignación y movilización entre la ciudadanía, y frente al cual los gobernantes tradicionales no tienen autoridad moral para contraponerse.

El problema de la coalición, es que desde el punto de vista del potencial electoral es insuficiente, esto está dado porque su componente de Centro, Lopez y Fajardo, disputan allí el espectro político con otras fuerzas como las del Partido Liberal, y las fuerzas tradicionales que seguramente se moverán hacia el centro para disputar ese ventajoso espacio, allí podría ubicarse Vargas lleras con Cambio Radical, y las fuerzas del santismo, que suman a la disputa sus aceitadas maquinarias electorales.

Por tanto esta coalición tendría la oportunidad de expandir su votación hacia la izquierda, y es allí donde invitan a Jorge Robledo a participar de la misma; con el candidato del Polo Democrático Alternativo logran enviar a la opinión un mensaje de amplitud hacia la izquierda, con todos sus más y sus menos. Jorge Robledo tiene ante la opinión toda la imagen que puede tener un líder de la izquierda en Colombia con sus aciertos y sus lastres: desde la coherencia y claridad ideológica hasta el tema de corrupción de Samuel Moreno, y el negativo imaginario de las FARC ligado a la izquierda,  pero no tiene la mayoría de los votos de esta base social. Es decir, la coalición carga con los aciertos y lastres de la izquierda, pero sin sus votos.

Las últimas encuestas han demostrado que este espectro político lo encabeza Gustavo Petro, quien en todas las encuestas aparece con la mayor intencionalidad de votos de este referente. Estas mismas encuestas muestran además que en la disputa interna del Polo Democrático entre Clara López y Robledo, la exministra logra sacar ventaja en la intencionalidad de votos en la mayoría de encuestas en donde supera a Robledo, en muchas de ellas incluso lo duplica. Humberto de la Calle que por su compromiso con el tema de la paz ha logrado catapultar una parte de esta base social puntúa en la misma proporción del Polo.

Es así como en la última encuesta de Cifras y Conceptos que ha demostrado ser la más precisa, entre Fajardo, Claudia López y Robledo suman el 22% de la intención de los votos (De estos, Fajardo y López aportan el 18%). Entre Petro, Clara López y Humberto de la Calle, por fuera la coalición suman el 23% (De este 23%, López Obregón y Petro aportan el 20%).  La suma de todos estos candidatos, ampliando incluso hacia Carlos Caicedo y Piedad Córdoba, haría una coalición imbatible desde la primera vuelta. Ampliada así la coalición, la propuesta programática incluso podría ir más allá de la Corrupción, que es un tema importante, pero que requeriría ser ampliado a un repertorio más progresista en materia de salud, sistema pensional, educación, reforma agraria, reforma política, a la justicia, medio ambiente y cambio climático. La coalición de la triada tiene un predominio programático del Centro político, eso es entendible por la correlación de fuerzas que tiene allí el Polo Democrático, que en minoría tiene menor opción de negociar una agenda más democrática en materia social, económica e institucional que genere profundos cambios para el país.

La postura de Compromiso ciudadano de Sergio Fajardo, que es la que prevalece allí en la perspectiva social, económica y medio ambiental, podría ser tan moderada y tan difícil de contrastar con la agenda del Centro Político tradicional, que el riesgo que corre un proyecto político progresista como el Polo Democrático Alternativo (PDA), es quedar subsumido y hecho trizas en el corto y mediano plazo, en una propuesta más cercana al Neoliberalismo Progresista. Esto sería comparable, guardando las proporciones, a la derrota del Partido Demócrata de los Estados Unidos que para enfrentar a la Ultra Derecha de Trump, opta por abrazar a Wall Street, con el costo de perder el voto de la clase media que se desplaza al magnate de ultraderecha. Mejor suerte hubieren corrido los Demócratas si hubieran comprendido que la profunda crisis del pueblo norteamericano, era mejor interpretada por la propuesta del progresista Benny Sanders, que fue derrotado por los Clinton en las elecciones internas del partido.

Igual suerte corrió el Partido Socialista Frances con el Presidente Francois Holland, que decide gobernar con la agenda del neoliberalismo, ante la profunda crisis de las clases medias y bajas, emerge la ultraderecha populista de Marine Le Pen a catapultar el vacío que dejaba el Gobierno Socialista, lo que obliga a estos últimos para no ser derrotados a apoyar a Macron, una propuesta tan poco profunda en la democratización del país, como lo sería la del Santismo en este momento.

De otro lado, desde el punto de vista electoral, las elecciones desde 2006 hasta el 2014, donde se encuentra una alternancia de candidatos alternativos y de izquierda, que inició con Carlos Gaviria del PDA en 2006, que  logra la segunda votación más alta del país y la más alta de la izquierda con 2.613.157 al enfrentar a Alvaro Uribe, Antanas Mockus en 2010 de la Alianza Verde, que pasa a segunda vuelta con Juan Manuel Santos y Clara Lopez en 2014 que no logra pasar a la segunda vuelta con Juan Manuel Santos, pero su apoyo a este resulta definitivo para derrotar al Uribismo.

Es empíricamente demostrable que el voto de la izquierda dividido del alternativo, no logró vencer al establecimiento. Tampoco en el caso de Mockus que optó por excluir a sectores más progresistas y de izquierda, hubo el esperado efecto rebote en donde la base social de la izquierda le votara a Mockus en la segunda vuelta en contra de Juan Manuel Santos. El discurso de Mockus, era tan similar al de Juan Manuel Santos en materia económica y política social, que sólo los diferenciaba el tema de la Corrupción. En ese contexto el candidato pro establecimiento del momento supo maniobrar con el tema de la Paz y sus maquinarias clientelares aceitadas y lo superó.

Es importante anotar que por más importantes y visibles liderazgos que tengamos en el espectro político centro izquierda y alternativo en Colombia, ninguno de ellos tiene la fuerza de un outsider o un caudillo, capaz de trastocar por sí mismo de un tajo la dinámica electoral histórica de Colombia, y determinar un triunfo. No existe una figura como la de un Rafael Correa en el Ecuador, Un Chávez en Venezuela, Un Evo Morales en Bolivia, un Lula Da silva del Brasil, un Juan Domingo Perón Argentino o un Jorge Eliecer colombiano. Aquí nos toca es construir unidad, un trabajo de mayor filigrana colectiva, un ejercicio más parecido al de la concertación Chilena que derrotó la dictadura de Pinochet, con una coalición amplia, generosa y no excluyente, entre sectores muy disímiles.

Lo que queda claro, es que existe una oportunidad histórica para ganar las elecciones presidenciales por una fuerza alternativa, eso implicará grandeza y humildad por parte de su dirigencia, una coalición los más generosa y amplia desde el punto de vista político y programático. Una coalición que recoja la diversidad que se expresa desde un candidato como Sergio Fajardo, Jorge Robledo, Claudia López, Clara López, Gustavo Petro, Humberto de la Calle, Carlos Caicedo, Piedad Córdoba. Cualquier exclusión es un irresponsable suicidio político. Se requiere una coalición capaz de ganarle a los mismos con las mismas, y también a lo mismo que le han propuesto al país.

Que no nos derrote la gramática oculta que han tejido los de siempre en nuestras mentalidades para perpetuarse en el poder, auspiciando la división entre nosotros, profundizando el sectarismo, insuflando la trampa del narcisismo, sembrando el espejismo de que cada uno por su lado puede ganar y doblegar al otro, instalando fantasmas y temores. Así han dividido y gobernado por más de dos siglos. La posibilidad de concretar esa gran coalición, que opte por un mecanismo popular para la elección de un candidato único en el marco de un acuerdo programático, sería el paso más contundente que se podría dar para abrir un nuevo escenario para el país. Es por eso que hoy desde los distintos escenarios ciudadanos les decimos que los queremos Juntos y Juntas.

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