En este momento se encuentra ya establecida la baraja de candidatos que disputarán la Alcaldía Mayor de Bogotá. Después de la cuestionada gestión del actual alcalde Enrique Peñalosa que cuenta con una imagen desfavorable de un 76% según las últimas encuestas de opinión, la más baja popularidad de un burgomaestre en la historia de la capital. La agenda urbana que está marcando el debate electoral está dada por los siguientes temas: la aún no resuelta problemática de movilidad dada por el retraso del proyecto metro que se debate entre el metro subterráneo y el elevado, este último impuesto por el alcalde Peñalosa quien ha manifestado que lo dejará licitado en medio de cuestionamientos porque este proyecto no tiene estudios de factibilidad;  la construcción de una ruta de Transmilenio por la emblemática carrera séptima, propuesta que ha tenido el rechazo de la ciudadanía que circunda este recorrido,  a esto se suma la adquisición de buses contaminantes de Transmilenio con las consecuencias para la salud y el aumento de incidencia de patologías respiratorias asociadas a la emisión de este tipo de partículas. También la inversión social en educación, salud y en los programas de integración social, que han sufrido una baja en los recursos que se venían destinando por los últimos gobiernos distritales. Se ha suscitado un debate por la masiva tala de árboles a las que la actual administración ha sometido la ciudad y los intentos por urbanizar la reserva natural Vander Hammen. Si bien estos no son todos los temas de la agenda de Bogotá, me atrevería a decir que van a ser cruciales en el proceso de elección del próximo alcalde.

En cuanto el contexto político nacional, éste está marcado por la reactivación de la polarización por cuenta del uribismo, quien ha logrado posicionar con ayuda de los grandes medios, el tema  de la crisis de Venezuela y el rechazo al régimen de Nicolás Maduro como uno de los temas centrales del país. De nuevo emerge la agenda de la guerra y la paz aceitada por el atentado perpetrado por el Ejército de Liberación Nacional ELN en la Escuela General Santander, y las recientes objeciones del Presidente Duque a la ley estatutaria del tribunal de Justicia Transicional JEP. Con estas tres agendas lograron atenuar la creciente indignación ciudadana frente a la  corrupción que se movilizaba en el país, por los nexos del fiscal Néstor Humberto Martínez con hechos de corrupción de Odebrecht que comprometen a la cúpula política del régimen, comprometiendo al uribismo y al santismo. En este momento la agenda de movilización y de opinión se ubica en el tema del proceso de paz, y la subsecuente polarización que esta genera, escenario que estaba buscando el uribismo para aceitar las maquinarias y la matriz de opinión con la que quiere afrontar las elecciones regionales.

Se debe anotar que estas elecciones regionales se presentan en un contexto en el cual las fuerzas políticas de centro izquierda vienen de una derrota electoral en las elecciones presidenciales, en las cuales, ante la decisión del candidato Sergio Fajardo de no asistir a una consulta con Gustavo Petro, se dividieron las fuerzas de la izquierda y el centro, con el conocido saldo del triunfo del uribismo en cabeza del actual presidente Iván Duque. Este resultado generó una lección de unidad entre estas dos fuerzas, que va a surtir su efecto en la estrategia electoral en la capital, en donde las fuerzas políticas que componen este espectro han decidido ir a una consulta interpartidista el 27 de mayo, para escoger un candidato único que disputaría con el candidato de la derecha.

El bloque alternativo o de centro izquierda

En el espectro político, que denominaremos alternativo o de centro izquierda, se encuentran la Alianza Verde que tiene como precandidatos a los ex senadores Claudia López y Antonio Navarro, que en decisión del partido realizarán una encuesta que definirá una candidatura única por esta colectividad. Esta disputa es bastante incierta, pareja y difícil. Antonio Navarro es una candidato con un fuerte voto de opinión, con fortaleza mayoritaria en el aparato del partido, es un a figura que no genera resistencia en el electorado del ex candidato presidencial Gustavo Petro, ni tampoco en el electorado del Ex candidato Sergio Fajardo, tiene una caracterización positiva de hombre experto en la administración tras haber sido Alcalde de Pasto y Gobernador del departamento de Nariño, aún cuando procede de las filas de la guerrilla M-19, no genera resistencia en las élites capitalinas. Su debilidad se encuentra en el carácter de su discurso conservador, no logra diferenciarse a fondo y con claridad de las propuestas del alcalde Enrique Peñalosa, ante un electorado mayoritariamente antipeñalosista, el voto de opinión podría cobrarle el tono tibio con que está abordando el debate programático.

De otro lado, Claudia López tiene una inmensa fortaleza en el voto de opinión, su reconocido liderazgo en la consulta anticorrupción y su participación como candidata vicepresidencial de Sergio Fajardo le generaron visibilidad nacional. Su debilidad está cifrada en que la ciudad viene de una confrontación Petro/Peñalosa, y su talante se observa confrontacional frente al tono conciliador de Navarro. Este carácter polarizante le sería útil si lo trasladara al marco programático y se diferenciara a fondo de las políticas de Peñalosa. No obstante, respecto a  Navarro, López ha intentado diferenciarse de manera más clara frente a Peñalosa, pero no lo suficiente. Contrario a lo esperado, López optó por adoptar un discurso muy parecido al de Navarro en abordar lugares comunes en lo programático, generalidades, un discurso tibio que refuerza una postura centrista. Ninguno de los dos ha osado asumir una postura clara de apuesta  a defender el metro subterráneo en contra de la imposición de Enrique Peñalosa, de dejar licitado un metro elevado con múltiples cuestionamientos técnicos.

Esta coalición se encuentra también compuesta por Celio Nieves, precandidato del Polo Democrático Alternativo, actual concejal de Bogotá que proviene del magisterio, esto constituye una apuesta de la colectividad por participar con voz propia en la consulta, es de anotar que el Polo recientemente demandó ante el Consejo de Estado el proceso de licitación del metro elevado. También en el amplio abanico de candidatos se encuentra la candidatura de Lucho Garzón que surge de una apuesta de la disidencia del partido liberal encabezada por el Ex Ministro Juan Fernando Cristo, por lo pronto el ex alcalde no ha sido explícito si participará en la consulta alternativa, ha expresado incluso que no descarta una posible coalición con el candidato Carlos Fernando Galán, ex senador de Cambio Radical, dado que quiere presentarse como un candidato conciliador si la campaña se polariza entre el uribismo y el proyecto alternativo, situación que será inevitable.

El lanzamiento de Garzón le genera una competencia a la candidatura de Luis Ernesto Gómez, ex viceministro del interior, procedente de esta misma disidencia liberal, que constituyó un movimiento ciudadano denominado Activista, construido sobre una base social que tiene un pivote central en las redes sociales. Tendrá que verse que tanta expresión en votos tendrá un proyecto político con este asidero. Un reciente estudio publicado por la Misión de Observación Electoral MOE, sobre el impacto de las redes sociales en la política electoral, señala que estas solo proveen el 10% de los votos, dicho sea de paso que el actual proceso electoral en Bogotá permitirá un mejor análisis de este fenómeno, dada la multiplicidad de candidatos a Concejo cuyo liderazgo se ha construido en estos escenarios.

La colectividad Colombia Humana tiene la dificultad de la negación de la personería jurídica por parte del CNE, tiene pendiente la definición del Consejo de Estado que le dé luz verde, pero estos hechos han sumido en una incertidumbre a este proyecto político. De un lado se encuentra el candidato Hollman Morris que es candidato por el Partido Mais, que tiene graves dificultades ante la opinión pública por la reciente denuncia de su ex esposa por un tema de violencia psicológica, hecho que ha desatado diversas críticas que le han impedido materialmente concentrarse en el debate sobre la ciudad, por los permanentes cuestionamientos que debe resolver por estos hechos.  Se encuentra también Jorge Rojas, ex secretario de integración social de Gustavo Petro, quien está en el proceso de recolección de firmas para inscribir su candidatura y que no ha tenido un buen despliegue en los grandes medios de comunicación para visibilizar su programa. Por lo pronto esta colectividad no tiene un candidato único para ir a la consulta, esta debilidad ha dificultado que el programa de la Colombia Humana se exprese y sea contrapunto para el modelo de ciudad que apuntala el partido verde con sus dos candidatos.

Conforme lo han expresado las últimas encuestas de opinión la candidatura única de esta coalición la ganaría ampliamente el candidato que gane la consulta verde, y por la debilidad del espectro de la derecha este tendría altas probabilidades de ser el alcalde o alcaldesa de Bogotá. Por lo pronto Navarro y Claudia, se diferencian poco entre sí, no marcan un contraste importante en su discurso y propuesta para Bogotá. Me atrevería decir que quien patee la mesa y logre diferenciarse de Peñalosa en los puntos sensibles de la ciudad tendría el favor del electorado y de la opinión.

El bloque de la derecha o del Uribe/ Peñalosismo

Este bloque está constituido por el Candidato de la Administración de Enrique Peñalosa, Miguel Uribe quien ha tenido un despliegue mediático fuerte recientemente por la recolección de 400 mil firmas para presentar su candidatura a la alcaldía de Bogotá con el Movimiento “Avancemos”. Su enorme debilidad es la pertenencia a la administración de Peñalosa, impronta muy negativa para el momento electoral, por el rechazo ciudadano a la gestión del alcalde. Su situación es muy parecida a la de Vargas Lleras, quien presentó más de cinco millones de firmas (5.522.088) para inscribir su candidatura presidencial, pero en las urnas no logró superar los dos millones de votos. Su aparente independencia no logró desmarcar su imagen de la del gobierno de Juan Manuel Santos en el que había participado como vicepresidente. Con igual suerte puede correr Uribe como ex secretario de gobierno de Peñalosa.

En igual condición se encuentra la aún incierta candidatura de Carlos Fernando Galán, quien renunció al Partido Cambio Radical por las diferencias que tuvo con esta colectividad por el apoyo en segunda vuelta al candidato Iván Duque del Centro Democrático. Galán tiene su candidatura en suspenso, en tanto el Consejo Nacional Electoral también ha negado la personería jurídica del Nuevo Liberalismo, partido que quiere revivir para respaldar su candidatura. Por lo pronto se encuentra en espera de un fallo del Consejo de Estado para asumir su participación en la contienda. Esta candidatura sería un palo en la rueda para la unidad de la centro derecha, debido a que Galán ha expresado su distanciamiento del proyecto político del uribismo y por tanto la imposibilidad de asistir a una consulta con ellos. En diversas ocasiones ha manifestado querer tener una candidatura de centro, lejos de los “extremos”. Su problema es que aún no tiene clara la personería jurídica y que al igual que Miguel Uribe, Carlos Fernando Galán ha sido uno de los más férreos y extremistas escuderos del alcalde mayor Enrique Peñalosa.

El uribismo por su lado hizo una encuesta para escoger su candidato entre Angela Garzón, Diego Molano y Samuel Hoyos. Esta encuesta fue ganada por la concejal Angela Garzón, que a diferencia de Samuel Hoyos tiene un talante conciliador, ha tenido posturas disidentes de Peñalosa, lo que apuntala que el uribismo se juega con una candidata de un tono conciliador de su espectro mas moderado. Este fue el mismo papel que jugó el otrora candidato Iván Duque, quien se presentó como el ala moderada del uribismo, confundió a diversos sectores de opinión quienes creyeron que un gobierno suyo podría tener alguna independencia del uribismo extremo. Las recientes objeciones del Duque a la ley estatutaria de la Jurisdicción Especial de Paz JEP, corroboraron que ni el ala más moderada del uribismo escapa al influjo de las posturas mas extremas de ese movimiento político.

A manera de Conclusión

Las elecciones regionales no van a escapar a la matriz de polarización que va a imprimir el uribismo, en el caso de Bogotá la tensión de esta fuerza política ha conducido que los grandes medios de comunicación privilegien un debate centrista. Por lo que la mayoría de los candidatos se acomodan en el espectro de centro que por lo pronto consiste en abordar lugares comunes y no confrontar a fondo las políticas impopulares de Enrique Peñalosa, esto se traduce en posturas como “ construir sobre lo construido”, “ continuar lo bueno de Peñalosa y corregir lo errado”. Esto en el entendido que tampoco existe una propuesta de centro de contenido programático concreto alternativo a la actual administración. Esto ha tornado el debate muy precario en tanto no se están diferenciando modelos de ciudad distintivos, situación que aúpan los grandes medios y las élites capitalinas, y que es facilitada por el desplome de Colombia Humana como proyecto político con capacidad para plantear a través de una candidatura única y fuerte una agenda alternativa al modelo de ciudad al que representan el Uribe/ Peñalosismo, como lo hizo el Candidato Gustavo Petro con la agenda de país en las pasadas elecciones Presidenciales, que obligó a los demás candidatos a precisar temas importantes como el cambio climático y la política social.

En tanto existe una orfandad para este electorado de opinión en Bogotá, aventuraría a pensar que el precandidato verde que asuma esa agenda podrá hacerse a ese electorado, y el patear la mesa y diferenciarse podría darle ventaja en la consulta interna que es el primer paso para la carrera al palacio de Lievano. De ahí en adelante lo que sigue es una confrontación con el uribismo, es muy posible que ellos decidan polarizar y asistamos a una campaña con poca discusión programática y plagada de fake news, de virulencia,  similar a la del No en el Plebiscito, o a las pasadas elecciones presidenciales. ¿Tendrán la madurez los medios de comunicación del país para no ceder de nuevo a dar espacio a este tipo de campañas?

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